miércoles, 17 de junio de 2009

Otra vez la verdad oficial

En su sección Espectáculos El Comercio descalifica al señor Aldo Mariátegui, director del diario Correo, para conducir un programa noticioso en un canal de TV. El argumento que esgrime es que el señor Mariátegui es de derecha. Y recurriendo al vedado recurso del anonimato, el diario en cuestión se permite insultar al ilustrado periodista tildándolo de “extremista, radical de derecha, obcecado en su fundamentalismo y radicalismo, por lo que no debe tener tribuna en un medio importante como el Canal 2. Aldo Mariátegui, viejo fósil liberal con posiciones extremistas de derecha, es un fascista.”

Claro, los jacobinos que trabajan para El Comercio sí son buenos profesionales y calificados periodistas. ¿Por qué? Sencillamente porque es gente de izquierda. ¿O acaso alguna vez El Comercio criticó a quien durante años fue su mastín engreído, el neoizquierdista Augusto Álvarez Rodrich, llamándolo –como lo que es– sectario, fundamentalista o fanático, hecho inobjetablemente demostrado a través de sus sesgadas apreciaciones derechohumanistas producto de su urgencia por distanciarse del alma mater fujimorista? Como tampoco lo hace El Comercio con su conductora televisiva, Rosa María Palacios, otra neozurda artificial igualmente necesitada de desprenderse de su pasado fujimorista, para lo cual se convirtió en excelsa detractora de todas las opiniones de centro y, en general, de aquellas corrientes que no comulguen con la moda progre-caviar de vivir como millonario pero protestar como proletario.

El Comercio y la progresía enquistada en la mayoría de diarios del país se consideran los únicos capaces de opinar en un medio de comunicación. Todo aquel que se oponga a sus ideas, opiniones y propuestas está vetado de pertenecer al gremio periodístico. Es más, en el colmo de la prepotencia El Comercio se jacta de encarnar al diarismo nacional a través de una oenegé indebidamente llamada Consejo de la Prensa Peruana, cenáculo que apenas agrupa a una elite de dueños de periódicos –queriendo sustituir al Colegio de Periodistas– pero que de ninguna forma interpreta el sentir de todos los diarios del país.

Comprobamos entonces cómo el pensamiento sectario caviar quiere apoderarse del periodismo. El Comercio y su comparsa intentan así proscribir de la profesión a quienes llevan el pensamiento liberal de centro y de derecha. ¿Con qué autoridad moral? ¿Quién ha concedido a estos individuos la virtud de actuar como censores, como catones, o como dueños de la verdad en torno al sagrado oficio periodístico? Prepotencia pura, señores.

Denunciamos la actitud antidemocrática, dogmática e intransigente de estos personajes insoportables que insisten en aparecer como impolutos cuando en verdad son lobos con piel de cordero. Lobos que trabajan con obstinación para imponer el nuevo monopolio de la prensa, buscando convertirla en instrumento monocorde donde solo exista la verdad oficial de los caviares. Semejante a la verdad oficial socialista que rige en Cuba o a la que hubo en la ex Unión Soviética, solo que en este caso la verdad oficial la impone la neoizquierda que hoy domina la mayor parte del diarismo peruano. Por supuesto que EXPRESO será siempre la piedra en el zapato para esta gente intolerante y mendaz.

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