miércoles, 10 de junio de 2009

¿Hasta cuándo tanta permisividad?

No podía ser de otra manera. El tal Pizango acabó asilándose en la embajada de Nicaragua. Se confirma así el círculo perverso de esa trama montada por el impresentable Hugo Chávez para derribar al gobierno democrático de Alan García. Recordemos que Daniel Ortega –el “guerrillero” nicaraguense que hoy preside su país– ordenó liquidar a los nativos Misquitos durante su gobierno de terror, porque éstos no se alineaban con su dictadura. Y Ortega es uno de los alfiles predilectos del jerarca venezolano. Es más, el actual embajador en el Perú de la Nicaragua de Ortega, el “guerrillero” Tomás Borge, es un octogenario matón, casado con una joven peruana. Borge fungió de ministro del Interior durante el régimen Sandinista, aboliendo todas las libertades, persiguió con las armas a sus opositores –a quienes encarceló, torturó y probablemente asesinó- y pisoteando la democracia en ese país durante los feroces años de tiranía. Pues sucede que este personaje es a quien su jefe Ortega ha enviado al Perú. Y lo hizo seguro en agradecimiento por sus “diligentes” servicios como ministro del Interior durante la dictadura. Aunque más bien la razón de su nombramiento obedezca a la necesidad que este “guerrillero” cumpla acá labores de espionaje –pero sobre todo de soliviantamiento–, acatando la orden dictada por el patrón de su jefe, el impresentable Hugo Chávez.

En consecuencia, el hecho que el tal Pizango haya ingresado como Pedro por su casa a la sanisidrina residencia del embajador de Nicaragua en el Perú –tras haber huido como una rata, dejando abandonados a quienes dijo representar y defender: los nativos– revela pues la familiaridad que existe entre este petardista, dizque selvático, y la organización bolivariana, en este caso representada por el desestabilizador gobierno de Ortega, muy bien articulado en este país gracias a la mano aún ensangrentada de su embajador Borge.

Realmente preocupan varias cosas. En primer lugar, la irresponsabilidad de este gobierno de haberle otorgado el Agreement a un conocido agitador político vestido de embajador, de nombre Tomás Borge. En segundo término, que nuestros servicios de inteligencia sean tan paupérrimos que sigan permitiendo estas barbaridades. Ya basta de recordar que Paniagua y Toledo dinamitaron nuestro sistema de inteligencia. Hace casi tres años que este régimen tiene las riendas del país y debió tomar las precauciones necesarias antes ese desastre. Y en tercer lugar, que en Torre Tagle sea tan, pero tan cándidos, que sigan aguantando injerencia tras injerencia externa, cada cual más grosera, de agitadores como el impresentable Hugo Chávez y su comparsa de morales, ortegas, correas, etc.

Los países no deben actuar con bonhomía ni tratar con guantes de seda a los enemigos de su estabilidad o a los verdugos de su pacificación. Ni tampoco besarle la mano a los abanderados de demagogia que procuran instaurar un régimen extremista y mesiánico en nuestra nación, como lo exige el impresentable Chávez. ¿Hasta cuándo, entonces, tanta permisividad con este clan de miserables, señor ministro de Relaciones Exteriores?

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