martes, 16 de junio de 2009

La falacia izquierdista

Que el Perú está hoy muchísimo mejor que hace medio siglo es algo que no soportan los izquierdistas, auténticos enemigos del país. ¿O acaso alguien puede dudar que esta nación exhibe cambios sociales positivos que se reflejan en mucho mejores condiciones de vida para millones de peruanos y, en particular, en envidiables guarismos macro económicos diametralmente opuestos a aquel Estado miserable –“solidario”, como gustan llamarlo los humanistas, socialistas, etc.– que nos acompañó a lo largo de tantas décadas –hasta 1990– por culpa de la demagogia zurda? Solo el cinismo de la izquierda puede retacear los logros que –con sacrificio– ha alcanzado el Perú en los últimos 18 años. Y nos referimos a la izquierda de todo pelaje, de la ultra a la refinada progresía caviar. Una izquierda atormentada por su fracaso en las urnas electorales que la lleva a insistir en la captura del poder político por la vía de las armas. Porque el poder fáctico de plano ya lo tiene, gracias al copamiento de la Justicia a través de sesgadas leyes supranacionales, normas que a través de viles tratados internacionales –a los que nos fuerza la progresía mundial– han conseguido someter al Estado peruano a las ideas impuestas por la gauche reciclada, esa trajeada de incorrupta, derechohumanista y ecológica, pero como siempre presta a para recuperar su poder dictatorial. Como en Cuba. O como en Venezuela, Bolivia, Ecuador y Nicaragua.

Nos referimos, por ejemplo, a esa frondosa legislación que convierte a la defensa de los derechos humanos en instrumento paralizante de la acción del Estado para enfrentar ataques a la ciudadanía por parte del terrorismo y la sedición. Una legislación cuyo origen no es otro que las fuentes izquierdistas dedicadas a “proteger a los necesitados”, instigándolos al alzarse en armas como única opción para defenestrar a los gobiernos demócratas, usando precisamente las artes democráticas que jamás respeta la izquierda, siempre tiránica y por cierto violadora de todo derecho humano. Si no, volvamos otra vez la mirada a Cuba, vergonzoso bastión de la izquierda del último medio siglo.

Es pues una grosera falacia la que nos vende la izquierda. Comprendamos –como gente de centro y de derecha– que la meta zurda no es otra que capturar el poder por la fuerza. Jamás por la vía de los votos que nunca le han sido favorables. Y una manera coherente de hacerlo es enfrentar a la sociedad con sus grupos extremistas, de manera que las fuerzas del orden del Estado –que personifica a la sociedad– se vean obligadas a repeler a los facinerosos, momento en el cual la izquierda aplica sus leyes supranacionales condenando a la Policía y a los militares por violar los derechos humanos de los grupos insurgentes. Pero como este juego ya lo conocen nuestros uniformados, sucede que ahora no se enfrentan a los criminales sino que optan por “contenerlos”. Sucedió en Bagua, donde 24 policías acabaron secuestrados para luego ser violados y finalmente cruelmente asesinados por la insurgencia. Este es el juego de la izquierda, señores: anular a las fuerzas del orden y acusar de genocidas a los regímenes democráticos, tan solo aplicando la cínica “justicia supranacional” –hecha a la medida de los progre– para patear el tablero, capturar el poder e instalar su dictadura. No lo olvidemos.

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